Hace unos años –estoy hablando de 10, 15 años–, elegir el fotógrafo de bodas era fácil, simplemente los novios no podían. Tanto las iglesias como los restaurantes tenían sus fotógrafos en exclusiva y poco menos que te obligaban a que fuera el suyo y no otro el encargado de guardar la memoria gráfica del día de la boda. Obviamente, las exclusivas se debían a que los fotógrafos (o, más propiamente, empresas de fotografía especializadas en reportaje de boda) adelantaban importantes sumas de dinero.
Las exclusivas generaban una situación de doble injusticia (si no legal, sí al menos de orden ético): De una parte, los novios se veían privados del derecho de elegir el fotógrafo que más les conviniera, y, de otra, los fotógrafos independientes tenían serias dificultades para acceder al mercado de las bodas.
Este panorama por suerte ha cambiado. Ahora los novios pueden contratar a cualquier fotógrafo –el profesional que ellos decidan– sin riesgo a que después le priven de acceder a la iglesia o al restaurante. Y, lo que no es menos importante, se ha liberalizado el mercado de las bodas, de manera que los profesionales independientes tienen libre acceso a él.
Ello ha traído consigo una situación real de libre competencia que ha resultado sumamente favorable para todas las partes: Los fotógrafos pueden ejercer su profesión sin cortapisas y los novios se benefician de la mejora que la competencia ha traído a la calidad de los reportajes de bodas, tanto de la presentación (álbumes) como de la fotografía en sí.
Hay que tener presente, sin embargo, que muchos restaurantes tienen listas de fotógrafos recomendados. Y es así como los novios lo han de entender, como un servicio de asesoramiento y no como una imposición. Es recomendable que los novios vean el trabajo de estos fotógrafos pero no han de olvidar que son libres de mirar el de otros profesionales y de elegir el que más les convenga.
Insisto, los novios tienen absoluta libertad para contratar al fotógrafo que mejor se adecue a sus gustos y preferencias; las exclusivas son parte del pasado.